Azucar, pimienta y todo lo bueno del dia de Rice

Sobre todo, leyenda de Boston se sintió agradecido por inducción al Salón

 

26/07/09 6:44 PM ET

28/07/09 3:10 PM ET

COOPERSTOWN, N.Y. – Jim Rice, una presencia imponente todos esos años en medio del orden al bat de los Medias Rojas de Boston, se puso de pie en el escenario como un miembro oficial del Salón de la Fama el domingo por la tarde, pero esta vez no provocó ese temor que llevó a su eventual aterrizaje entre los mejores del béisbol.

No hubo anécdotas de bombazos al Monstruo Verde, ni de los tremendos números que él produjo por más de una década.

En lugar de eso, lo que Rice mostró fue su lado tierno que siempre estuvo allí – pero que pudo haber sido contraproducente si lo hubiera usado en el campo de béisbol.

Rice dejó entrar a su público adorador con un discurso detallista que duró poco más de 10 minutos.  Junto con el rey de todos los tiempos de robos de base Rickey Henderson, un hombre contra quien jugó incontables partidos, y también con el fallecido Joe Gordon, Rice entró a lo que él se refirió como el punto más alto del béisbol.

Cuando un orgulloso fanático de los Medias Rojas gritó entre el público, “Tú eres el hombre, Jim”, Rice tuvo el punto de lanzamiento perfecto para su discurso – que había estado creando desde enero.

“No, soy un esposo llamado ‘Rice'”, dijo el toletero derecho.  “Soy un padre llamado ‘Dad’.  Soy un hermano llamado ‘Ed’.  Soy un tío llamado ‘Tío Ed’.  Soy un abuelo llamado ‘Papa’.  Soy un amigo que no llama – algunos de mis amigos saben eso.  Finalmente, quiero decir por fin – soy Jim Rice, llamado Integrante del Salón de la Fama”.

Si, por fin.  Tuvo que ser hasta el 15º y último año en que aparecería en la boleta de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (Baseball Writers Association of America) para que ganara el requerido 75 por ciento de los votos.  Pero Rice no pudo haber estado más entusiasta ni aunque hubiera sido invitado al Salón de la Fama en su primer año de elegibilidad como lo fueron los dos legendarios jardineros izquierdos que le precedieron en Boston – Ted Williams y Carl Yastrzemski.

“Para mí, no importa que haya sido llamado este año o mi primer año que fui elegible”, dijo Rice.  “Lo que importa es que haya llegado”.

¿Y exactamente cómo se sintió?  Rice logró producir una analogía de béisbol exacta.

“A lo que más se parece es a recibir la bienvenida en home después de pegar un jonrón para dejar en el campo al rival”, dijo Rice.  “Te encuentras incorporando la misma frase una y otra vez: ‘Lo logramos, lo logramos, lo logramos’.  Y de pronto piensas, ‘¿Dónde está mi esposa?’  Y realmente nunca pensé que recibiría la noticia viendo mi telenovela favorita, ‘The Young and the Restless’, a las 12:30.  Y eso es lo que estaba haciendo.  Jeff (Idelson, Presidente del Salón de la Fama) me llamó y yo estaba viendo ‘The Young and the Restless'”.

Pero Rice ya no se siente inquieto, ni tampoco Corine, quien ha sido su esposa por 37 años, ni sus antiguos compañeros quienes pensaban que el homenaje estaba pendiente – y ni hablar de la típica multitud de la Nación Medias Rojas que estuvo allí para presenciar su gran día.

Dada la relativamente cercana distancia de Cooperstown a Fenway Park – más o menos cuatro horas por carretera – fue poca sorpresa que hubo porras de “Let’s Go Red Sox” cuando Rice subió al estrado.

Entonces, por varios minutos, el jardinero izquierdo habló de lo que le costó llegar a los Medias Rojas.

Regresó a sus raíces en Anderson, Carolina del Sur, hablando de su entrenador de la preparatoria John Wesley Moore, quien le enseñó fundamentos básicos, y de un entrenador de la Legión Americana llamado Olin Saylors, quien le suplicó que jugara durante los veranos.

La historia de Jim Rice se pudo haber mudado a Nebraska por una beca para jugar fútbol americano en lugar de iniciar una carrera profesional con los Medias Rojas, si no fuera por la contribución de esos hombres para su desarrollo en el béisbol.

“Mi entrenador John Moore jugó mucha pelota colegial”, dijo Rice.  “Él era el tipo de maestro que te decía que tenías que practicar los fundamentos del béisbol y sólo había una manera, la manera correcta.  Así que las cosas que él me enseñó en cuanto a poder mover una pelota de adentro hacia fuera, a lanzar la bola al hombre de relevo, lanzar a la base correcta, hacer todas las cosas pequeñas, como elevar la pelota, cómo pegar un elevado con hombre en segunda o tercera, así es como me enseñaron.  Si sabes algo de mí, incluso cuando llegué a las ligas mayores, yo nunca cambié”.

Al contrario, él sólo fue aumentando su enorme poder, encontrando más maestros tras bambalinas.

“Mace Brown y Sam Mele, realmente le agradezco a esos tipos por contratarme”, dijo Rice.  “Rac Slider me protegió mucho cuando fue mi manager en ligas de instrucción”.

“Don Zimmer, él creyó en mí – fue mi maestro.  Zim fue como un manager y como un padre para mí.  Johnny Pesky fue mi instructor de bateo personal.  Don Zimmer, quien era mi manager en ese tiempo, le dijo a Pesky que se quedara conmigo día y noche.  Me llevó bajo el brazo, mantuvo mis pies en la tierra, y siempre podíamos hablar.  Y todavía está conmigo hoy en día.  Y claro, mi buen amigo Cecil Cooper, mi compañero de cuarto, mi as, my cuate, mi amigo hasta el final”.

Cooper no pudo estar presente.  Estuvo dirigiendo a los Astros de Houston el domingo.  Pero varios de los antiguos compañeros de equipo de Rice estuvieron para alentarlo, incluyendo a Yaz, Dennis Eckersley, Wade Boggs, Carlton Fisk y Dwight Evans.

Rice absorbió todo y acogió todo lo que experimentó ese día.  Fue lejos de aquél jugador quien era conocido por ser rudo con los medios.  Como posteriormente resaltaría Rice, ahora él es un integrante de los medios, participando como analista de estudio para NESN durante programas previos y posteriores a juegos de los Medias Rojas.

“A estas alturas, podrán estarse preguntando cómo recibí tan notoria reputación con los medios”, dijo Rice.  “Bueno, verán, los medios seguido me hacían preguntas sobre mis (compañeros).  Yo me negué a ser el portavoz de los medios.  Claro, mi posición no me ganó amigos en los medios.  Vine a Boston y jugué béisbol profesional, y eso es lo que hice.  Lo hice bien.  Así que me retiré en el ’89”.

Y fue una carrera que lo dejó satisfecho.

“En las Ligas Menores, pasé de ser Ed Rice a ser Jim Rice”, dijo Rice.  “Era un líder callado, no un subordinado.  Jugué con dolor y sufrí.  Sin lamentos.  Bueno, tal vez esos últimos turnos al bate en 1989 cuando vi caer mi promedio de bateo (de por vida) de .300 caer a .298 – eso sí lo lamento”.

Pero esas dos milésimas, como resultó, no dejaron a Rice fuera de Cooperstown.

Su placa, que fue leída por el Comisionado de MLB Bud Selig, resumió algunos de sus logros, incluyendo, “Con fuerza ***ánica y una innata habilidad de conectar a cualquier parte del campo, bateó de .298 con 382 cuadrangulares, 1,451 carreras impulsadas, el único jugador en registrar tres temporadas consecutivas conectando 35 cuadrangulares y 200 imparables.  Conectó 20 cuadrangulares o más 11 veces y sumó ocho temporadas con 100 ó más CI”.

Rice cerró el día con apreciada admiración.

“Aquí estamos en 2009 y estoy parado entre la élite del béisbol, frente a mi familia, amigos y fanáticos, orgullosamente aceptando el más alto logro en el béisbol”, dijo Rice.  “No se me ocurre nadie más quien preferiría ser que estar aquí, ahora, contigo y contigo.  Gracias”.

Ian Browne es reportero para MLB.com.  Esta historia no fue sujeta a la aprobación de Major League Baseball ni sus clubes.

Esta es una traducción del artículo “Sugar, Spice and everything Rice”, escrito por Ian Browne y publicado en http://boston.redsox.mlb.com/news/article.jsp?ymd=20090726&content_id=6067944&vkey=news_bos&fext=.jsp&c_id=bos 

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